ARTISTAS · Daniel Gutiérrez Adán
ARTISTAS
 
 

EL ARCO del nuevo milenio (2001)

Miguel Cereceda - ABC cultural

Open Spaces (Arquitectura y moralidad)

Entre las novedades que se presentan en la vigésima edición de la Feria, destaca la agrupada bajo el epígrafe de Open Spaces. Una reflexión sobre el presente y el futuro de la escultura.

La cosa se venía fraguando durante mucho tiempo, pero finalmente tenía que eclosionar. Si otros años ha podido decirse que en ARCO se advertía la primacía de una determinada arte, finalmente el 2001 ha significado el triunfo de la arquitectura y el urbanismo, claramente presentes en las reflexiones formales de innumerables artistas de la Feria. El primer paso sin duda lo dio la reivindicación situacionista del cine y de la arquitectura como el verdadero arte de nuestro tiempo. La preocupación por la arquitectura es evidente en muchos artistas presentes en ARCO, pero sólo mencionaré algunos casos. Quizás el más interesante sea el del artista japonés Tadashi Kawamata, en la galería Gianni Giacobi, que expone unos proyectos o maquetas sobre cuadro, de posibles instalaciones, a base de maderas, a modo de empalizadas, caminos o puentes. Algunos artistas han reflexionado sobre las relaciones entre arquitectura, pintura y escultura, como arte de integración. Es el caso, por ejemplo, de Juan Gopar, en la galería canaria Manuel Ojeda, o de Florentino Díaz, que presenta obra en la galería extremeña Bores y Mallo y en la madrileña Max Estrella. También Darya von Berner, con una exposición individual en la galería Raab de Berlín, sugiere una interesante meditación sobre los espacios del habitar. Innumerables son los fotógrafos que han desarrollado reflexiones sobre edificios, sobre urbanismo o sobre arquitectura y fotografía. Mencionaré tan sólo algunos de pasada. José Manuel Ballester, presente en tres galerías este año: en Estiarte, en Antonio de Barnola y en Espacio Mínimo. En la galería Fúcares, Cándida Höfer, cuyas fotografías de bibliotecas son como verdaderas esculturas fotográficas. Las impactantes fotografías de Frank Thiel en Helga de Alvear. Las magníficas construcciones en cartón, fotografiadas por Cristina Iglesias, en la galería Pepe Cobo de Sevilla. Incluso en el stand de ABC, la obra premiada este año en la sección de fotografía, la de Amparo García Arce, desarrolla una temática arquitectónica semejante, de ventanas, muros e inquietantes interiores. También muchos pintores se han ocupado de los problemas de la arquitectura. Pienso, por ejemplo, en los edificios en rehabilitación pintados por Jonathan Hammer, confrontados a ídolos o esculturas de culto; o pienso también en los cuadros de edificaciones y de grúas pintados por Jesús Alonso, en la galería Bores y Mallo; o, por último, en los trazados de parking o de pistas de fútbol y de tenis, pintados por Michael Scott, en Leyendecker.

Este triunfo es particularmente llamativo en la selección de obras propuestas por los comisarios Mariano Navarro y Alicia Murría, para la sección titulada Open Spaces. Mariano Navarro y Alicia Murría ya habían colaborado juntos, en 1993, en una excelente muestra dedicada a proyectos artísticos en espacios públicos (Espacios públicos. Sueños privados) y ahora, con esta selección, a partir de ochenta propuestas de obra de otras tantas galerías, vuelven a incidir sobre alguno de aquellos viejos problemas. Y posiblemente el primero sea lo que el propio Mariano Navarro ha caracterizado como «la imposibilidad del monumento en la ciudad contemporánea». Por eso hay en esta selección una especie de sátira o de ironía con respecto al concepto del monumento. Esta sátira es evidente en aquellas representaciones que pueden estar más cercanas a la idea de monumento en un sentido tradicional, como la del busto conmemorativo de Mickey Mouse, del artista colombiano Nadín Ospina; como la fuente en la que Javier Pérez hace brotar agua de una imagen de su propia cabeza; o como el círculo de plata en que Carmela García encierra a una mujer que contempla a una jirafa. Menos satírica y más ornamental, la propuesta presentada por Francisco Leiro desarrolla un vuelo espacial de dos figuras que nadan en el aire, como si quisiesen descender a las profundidades en que nosotros nos movemos.

Pero la reflexión sobre los problemas de la escultura monumental contemporánea y de los espacios públicos ha llevado a un buen número de artistas a meditar sobre los problemas derivados de ese elemento decorativo espurio, a medias entre el monumento y el obstáculo, que se ha dado en llamar «mobiliario urbano». Esta preocupación es evidente por ejemplo en las propuestas de los artistas del colectivo madrileño El Perro, quienes presentan una especie de contenedor para el reciclado de vidrio, en el que lo que uno se encuentra en realidad es un contenedor para el reciclado de ideas. E igualmente evidente en las paradas de autobús y del metro propuestas por los artistas Pedro Mora y Juan Carlos Robles. Mientras que Pedro Mora ha desarrollado un proyecto propio de una marquesina, a partir del vaciamiento de un cilindro o una gigantesca lata de cerveza, en cuyo interior uno se precipita en un abismo; Juan Carlos Robles ha sacado de contexto la cabina de estación del metro de Alexanderplatz, en Berlín, y nos la ha plantado en medio de los pabellones de Ifema.

Una tercera deriva, sobre los problemas del urbanismo y de la habitación en la ciudad contemporánea, es la que procede de la interacción entre vivienda y automóvil, aquí desarrollada por tres artistas. En primer lugar, la propuesta/protesta de Daniel Gutiérrez Adán, que presenta, como una bofetada al espectador que quiere ornamentar sus espacios públicos, una roulotte en la que durante treinta años han vivido distintos inmigrantes. Una semejante interacción entre estos dos elementos es la que se puede encontrar en la caseta, pensada para ser instalada en parques y jardines, propuesta por la joven artista portuguesa Joana Vasconcelos, en cuyo interior uno encuentra sorprendido multitud de retrovisores de automóvil. Y por último debe mencionarse la interesante propuesta presentada por Fernando Sánchez Castillo, artista que desde hace tiempo viene reflexionando sobre las relaciones entre High y Low Technology, agregando chapuceras construcciones de maderitas y tablas a sofisticados aparatos de vídeo dotados de control remoto, y que al parecer lleva ahora sus obsesiones a un formato heroico, al construir sobre un Jeep, con el que se ha venido de Los Ángeles a Róterdam, y de Róterdam a Madrid, sembrando sin duda el pánico, el estupor y la confusión entre los automovilistas.

 
 

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