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El descrédito del ilusionismo
-Jesus Mazariegos-23.09.08 -
El norte de Castilla-Critica de Arte Amadeo Olmos. Título: 'Días de color variable'. Lugar: Galería Nuble en Santander hasta el 13 de octubre.
AMADEO Olmos (Pinarejos, Segovia, 1962) es un pintor bien conocido en Segovia por su labor docente y cada vez más conocido en España por sus exposiciones -aunque pocas- y porque su pintura interesa cada vez más. Desde que en el año 2000 expusiera con gran éxito en la Sala BBVA de Valladolid y en el Teatro Juan Bravo de Segovia, volvió a hacerlo en Segovia, en la Galería Claustro, en 2004, dando el salto a Madrid en el año 2006, de la mano de la llorada galerista Amparo Gámir, despertando vivamente el interés de la crítica. Si en Valladolid presentaba objetos vistos de un modo muy especial y en el Juan Bravo unas sobrias y deliciosas marinas, hechas casi sin pintura, a partir de la exposición de Claustro abrió un nuevo camino basado en el enfrentamiento, dentro del mismo cuadro, de dos realidades distintas, generalmente un espacio -interior o exterior- y una figura o un objeto. En su actual exposición de la Galería Nuble de Santander, Amadeo ha dado un paso más enfrentando las dos realidades de distinta forma, mientras que en otras obras pinta ciertos signos sobre lo pintado y ficticio, y relaciona lo uno con lo otro pintando también la sombra de los signos, la cual incide sobre los cuerpos como si lo hiciera sobe un plano. Lo que Amadeo hace es afirmar el carácter plano de la pintura aunque ésta sea figurativa, reflexionando así sobre el peligro tan actual de confundir lo ficticio con lo real. Otras veces lo hace con recursos más refinados que aportan a esta pintura una notable carga conceptual. Estamos, pues, ante una pintura intelectualizada, una pintura que reflexiona sobre sí misma. En 1965 Clement Greenberg, el apóstol de los expresionistas abstractos americanos, en un memorable artículo titulado 'La pintura moderna', levantaba acta de defunción del sistema de representación del Renacimiento a partir de la evidencia de que la pintura es plana y de que esa planitud o llanura es una cualidad específica y privativa de la pintura, de modo que cuanto más plana sea una pintura, será más pura y más pintura. Pues bien, Amadeo pone en cuestión la perspectiva renacentista, evidenciando el carácter ilusorio de la pretendida tercera dimensión, y convierte en inútil e innecesaria la teoría de Greenberg. Podría pensarse que estamos ante una pintura puramente especulativa en la que el tema es lo de menos. Yo siento ante los cuadros de Amadeo un aliento romántico de misterio a la hora del crepúsculo, tanto en los ambiente domésticos como en los paisajes, de modo que un pasillo o un dormitorio puede ser tan propicio a los sucesos románticos como el interior de un bosque o el borde de un acantilado. La luz indecisa los hace igualmente propicios a ser habitados por fantasmas, enamorados desesperados, noctámbulos erráticos y suicidas en ciernes.
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