ARTISTAS · Ernesto Knörr
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Ernesto Knörr: el tiempo convertido en forma, gravitaciones

Rubén Suarez - La Nueva España 30.01.2009

Puede decirse que en la creación escultórica, el «lenguaje del hierro -y en el origen Julio González- proporcionó al constructivismo una nueva y decisiva dimensión artística que se tradujo sobre todo en las relaciones entre volumen y espacio en el montaje o construcción por soldadura. Y, a partir de ahí, la mayor posibilidad de imprimir en la obra una singularidad, la huella personal expresiva de cada creador, con implicaciones que bien pueden ser, y han sido, figurativas, surrealistas, abstractas o en asimilación de distintas tendencias. A veces, en los dos primeros casos, con una concepción biomórfica, o antropomorfa, porque lo orgánico no excluye lo constructivo, de lo que pueden ser ejemplos el mismo González, tan formalmente constructivo, o el muy geométrico Lipchtiz, pero en otras ocasiones conceptualmente planteado como puro análisis de materia y forma, camino del minimalismo.

En esa tradición de aportaciones del lenguaje del hierro al constructivismo, de Julio González y Picasso a David Smith, Anthony Caro o Chillida, está la obra de Ernesto Knörr, uno de nuestros escultores de mayor personalidad y entidad, y bien se puede decir de nuestro artista que, aunque nacido en Vitoria, ha desarrollado toda su trayectoria en Asturias, la ha representado en distintas muestras y ha sembrado su tierra de obras para espacios públicos.

La obra de Ernesto Knörr puede tener en ocasiones, sobre todo en creaciones anteriores, alguna connotación orgánica, pero pienso que lo que hay en ella de mayor interés y singularidad está en la autosuficiencia estética de su lenguaje formal, que encuentra su expresividad en las tensiones rítmico-espaciales, el equilibrio, la ligereza y cadencia de sus formas modulares, por otra parte muy características. Puede decirse que tiene bien aprendida la reflexión de Caro, según la cual para que una escultura estuviese viva debía parecer que estuviese danzando, en estado de constante equilibrio, una de las virtualidades de la escultura contemporánea que ya tuvo su precursor en el último Rodin, a quien se considera por las deformaciones y la inestabilidad y fluidez de sus formas como precursor del expresionismo, el futurismo y el cinetismo.

Aunque el equilibrio y el movimiento han estado siempre en la base del trabajo de Knörr, creo que nunca se había traducido tan interesante y concentradamente como en las piezas que ahora expone, ejemplo de confluencia de ritmo, espacio, estructura e imagen, y posibilidad de movimiento propiciado por la indicación del flujo encadenado de formas en el abarcador marco de los angulares que le sirven de contenedor y límite. Estas piezas que el escultor titula «Consecuencias», me apetece entenderlas y apreciarlas como gravitaciones, y no tanto por la definición del diccionario, es decir, una cosa sobre otra con tendencia a caer pero en equilibrio, como por seguir la huella y en homenaje a Chillida, que, por otra parte, es una de las devociones de nuestro escultor, según creo. Como se sabe, Chillida llamó «gravitaciones» a una serie de inapropiadamente considerados collages, obra en papel, dentro de su ideal de que la obra gravite cualquiera que sea su peso y exquisita en su liviana materialidad. Eran papeles colgados o suspendidos, pero no encolados, no articulados por cola o cuerda, sino introduciendo el espacio como engarce. En Ernesto Knörr, las formas modulares normativamente rectangulares se acoplan y engarzan gravitanto entre sí como en tiempo detenido y convertido en forma y pendiente de una señal para ponerse en marcha activando una posibilidad de movimiento inscrita en su potencialidad dinámica. Forma, espacio y energía latente y gravitatoria están en la base del arte de este interesante escultor.

 
 

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