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‘Heterónimos’: un tributo a la tercera dimensión en lienzos "emancipados"
Irene Sainz - El Mundo Cantabria 13.09.2009
Gregorio González inaugura en la galería Nuble su última exposición
Viene desde Teror (Gran Canaria) con 27 obras bajo el brazo. El Gobierno canario (a través del programa Canarias crea) le ha dado un pequeño empujón para soltar «el lastre del salto» y cubrir el coste del traslado de las obras. El artista, en un año «de crisis», presentó la muestra Inmersiones en la II Bienal de Canarias en el Centro Atlántico de Arte Moderno y de forma paralela a los Heterónimos de la galería Nuble participa en la exposición colectiva Diálogos en Las Palmas de Gran Canaria. La sala santanderina incluyó un adelanto de la obra de González en su expositor en Artesantander y del 1 al 4 de octubre, el artista participará en Valencia Art. Los Heterónimos, la obra que da título a la muestra santanderina, es una instalación pictórica constituida por «cuadros que se han escapado de la pared» y que se alargan sobre la madera buscando la verticalidad. El pintor crea una tercera dimensión para la pintura sin olvidar su carácter plano. Volúmenes, trampantojos y juegos de perspectivas conviven en acrílicos de colores brillantes que soportan la carga emotiva. El artista intenta armonizar estructuras cromáticas antagónicas, «llegar a un terreno de afinidades sin perder la personalidad». Los cuadros «quieren tener su propia personalidad, emanciparse, independizarse». Una idea «que nos remite de forma directa a Pessoa». Cada una de las caras de los prismas de madera es una obra con multitud de posibilidades. «En el fondo, Heterónimos es un homenaje a la tercera dimensión». En Enigma, Gregorio González completa el viaje de ida y vuelta. «No sabemos si el cubo tridimensional quiere volver al cuadro o si está a punto de salir, ¿no será que sigue la voz de su amo?». Después de superar la etapa inicial «que todo el mundo sufre», el artista reconoce que alcanzó a un estadio de quietismo «casi nihilista». Ahora está en un punto donde necesita la pintura como forma de autoconocimiento y terapia para «ordenar el ruido». En sus últimas obras, el negro se transforma en índigo, «que es el color de los poetas. No deja de ser serio pero tiene un destello que insinúa la claridad». Las obras resultantes de la suma de colores y estructuras «son juguetonas ». González intenta compatibilizar «el rigor con el humor, no se trata de estar constantemente dándose con el látigo». La obra como reflejo de la subjetividad del artista es también una imagen de la sociedad que lo rodea, pero «por muy dura que sea la verdad que el artista quiere transmitir, hay que darle una pátina de afabilidad y seducción al trabajo », reconoce el canario. La geometría y la línea recta «que no existe más que como abstracción matemática» adquieren en sus creaciones «la humanidad» que a veces se les niega. Gregorio González defiende que ninguna de las dos es «fría», simplemente la recta «no da rodeos y es una forma de e conomía, el camino más corto».
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