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«En toda creación tiene que haber poesía»

Natxo Artundo - El Correo (Vitoria) 24.03.2010

El prestigioso autor canario presenta pasado mañana en el Artium 'Desde Ayacata', que recoge 12 años de trayectoria en 68 obras
Juan Hidalgo Artista multimedia

El arte español no sería el mismo sin Juan Hidalgo (Las Palmas, 1927). Desde la música experimental a la acción, desde los objetos a la fotografía, este inquieto autor ha sido una incisiva punta de lanza en diferentes campos o disciplinas. En definitiva, en la creación contemporánea, «porque soy didáctico, muy curioso», explica. Ahora, el centro-museo Artium acogerá una amplia muestra de sus propuestas posteriores al último concierto del grupo ZAJ, en 1996.
- ¿Cómo se inició su relación con Vitoria, a través de su trabajo con la galería Trayecto?
- Conocía la ciudad desde hace mucho tiempo, pero de paso. Entonces, no había galerías ni exposiciones. No recuerdo exactamente cuándo ví a Fernando Illana por primera vez, aunque ya había oído hablar de él. Coincidimos en varias ocasiones y en una de ellas, en Las Palmas, él habló con Carlos Astiárraga -comisario de muestras- y surgió la inauguración del nuevo espacio de la galería.
- Fue hace cuatro años y su trabajo sorprendió a los parroquianos de la mezquita de enfrente...
- Creo que hubo alguna protesta..
- A veces, le tachan de provocador, y usted dice que «el escándalo es de los demás». ¿Ha sido esto una constante?
- Eso es algo que siempre les ha gustado a los entrevistadores -no va por usted- cuando se hacía un arte con más censura. Pero ahora, afortunadamente, el erotismo está hasta en la publicidad. Yo lo respeto todo, pero también hay cosas que hay que hacer. Pero yo, sinceramente, no me siento nada provocador.

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El prestigioso autor canario presenta pasado mañana en el Artium 'Desde Ayacata', que recoge 12 años de trayectoria en 68 obras
Juan Hidalgo Artista multimedia
El arte español no sería el mismo sin Juan Hidalgo (Las Palmas, 1927). Desde la música experimental a la acción, desde los objetos a la fotografía, este inquieto autor ha sido una incisiva punta de lanza en diferentes campos o disciplinas. En definitiva, en la creación contemporánea, «porque soy didáctico, muy curioso», explica. Ahora, el centro-museo Artium acogerá una amplia muestra de sus propuestas posteriores al último concierto del grupo ZAJ, en 1996.
- ¿Cómo se inició su relación con Vitoria, a través de su trabajo con la galería Trayecto?
- Conocía la ciudad desde hace mucho tiempo, pero de paso. Entonces, no había galerías ni exposiciones. No recuerdo exactamente cuándo ví a Fernando Illana por primera vez, aunque ya había oído hablar de él. Coincidimos en varias ocasiones y en una de ellas, en Las Palmas, él habló con Carlos Astiárraga -comisario de muestras- y surgió la inauguración del nuevo espacio de la galería.
- Fue hace cuatro años y su trabajo sorprendió a los parroquianos de la mezquita de enfrente...
- Creo que hubo alguna protesta..
- A veces, le tachan de provocador, y usted dice que «el escándalo es de los demás». ¿Ha sido esto una constante?
- Eso es algo que siempre les ha gustado a los entrevistadores -no va por usted- cuando se hacía un arte con más censura. Pero ahora, afortunadamente, el erotismo está hasta en la publicidad. Yo lo respeto todo, pero también hay cosas que hay que hacer. Pero yo, sinceramente, no me siento nada provocador.
- ¿Nada?
- Yo uso el erotismo bastante. He utilizado mucho el desnudo masculino. Lo hicieron Leonardo, Michelangelo y muchos otros, pero de una forma diferente. A lo mejor, en algún momento, mis acciones fotográficas molestaron un poquito a ciertas personas.
- Su iconografía, en general, juega mucho con la poesía visual y la metáfora o los guiños al espectador. ¿Lo ve como algo inherente a su obra?
- Eso sí. Y también el humor: para que algo sea tomado en serio no hace falta que sea triste, aburrido, ni terrible. A todos nos gusta pasarlo un poquito bien. El humor es una cosa muy importante.
- Esos elementos también están en sus 'Etcéteras', en una expresión más literaria...
- Sí. No sé si conoce un libro, 'Ocho poetas raros'. Yo soy uno de ellos. En mi trayectoria siempre ha sido curioso que muchos autores plásticos me consideraban músico y muchos músicos, plástico. Sólo los poetas -tanto en España como fuera, donde esa diferenciación no existe- me consideran poeta a un cierto nivel. Un poeta raro.
- Alguna vez las ha definido como un 'documento público'. ¿En qué sentido?
- Como 'gong an' en chino o 'koo an' en japonés. Son un documento público porque necesitan un público. Si no, no sirven para nada. Son muy breves y no es difícil leerlos.
- Enlazan con los 'haiku' o con el zen. ¿Qué importancia ha tenido esto último en su obra?
- He estudiado y trabajado el zen muy seriamente durante al menos diez años. Y esto sí que se nota en mi trabajo, pero poca gente se da cuenta de ello. Si yo no hubiese encontrado el zen, parte de mi trabajo no se hubiese hecho.
- ¿Y sin John Cage?
- Con John Cage he tenido una relación muy fuerte. Nada sexual, ja, ja. De padre a hijo. Y, por lo que me han dicho, fue un poco parecida a la que él tuvo con Marcel Duchamp. Además de trabajar juntos, había un gran afecto y siempre me decía que cuando necesitara algo, se lo dijera.
Las cosas de Duchamp
- Duchamp también se refleja en su trabajo.
- No llegué a conocerle, pero Cage me llevó a una exposición muy fuerte en París, donde yo estaba trabajando unas cosas de ZAJ. Me presentó a Teeny Duchamp, su viuda, y nos hicimos amigos. Estuvimos unos días en su casa y, cada vez que yo volvía a París, iba allí. Tuve la suerte de que me enseñara todas las cosas de Duchamp, incluso ropa. Algo muy bonito. - ¿Cómo inició su larga etapa del grupo ZAJ?
- Como muchas cosas en la vida, un poco por azar. Walter Marchetti y yo vivíamos en Milán y teníamos conexión con músicos españoles. Nos carteábamos con nuestro amigo Ramon Barce y, a través de Manolo Millares, nos pudimos quedar un tiempo en Madrid. Intentamos diferenciar nuestras acciones de la música contemporánea y buscamos unas siglas. Empezamos a decir cosas, que no fuesen onomatopeyas, y fue Barce quien dijo ZAJ. Tenía una zeta como Zaragoza, algo muy español, y una jota, muy divertida.
- ¿La música ha estado presente en todo su trabajo?
- De alguna manera, sí. Pero creo que en todo trabajo creativo tiene que haber poesía. Es la base, como la madre de todas las artes. O, por lo menos, su perfume.

 
 

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Daoiz y Velarde,26.
39003 Santander
Tel +34 942 313 745              
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