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Ferias 09
 
 

Cotauno 09

La galería presenta el proyecto "Santa Lucía" de Majo G Polanco

SANTA LUCÍA

Lucía viene de luz. La luz es bella de por sí y bella resulta a los ojos que la contemplan. La luz por su misma naturaleza, dice acertadamente Ambrosio, está ordenada al deleite de la vista. La luz se refleja en los objetos sin que se pegue nada a ellos, y aunque se ponga en contacto con las cosas más inmundas no se contagia de su suciedad. La luz sigue siempre el camino recto, sin sinuosidades; y sin detenerse en su trayecto, recorre en un instante larguísimas distancias ... Lucía puede significar también camino de luz, si suponemos que este nombre derive de lucis vía. Santiago de la Vorágine: La leyenda dorada. Tomo I, Alianza Forma, Madrid, 2008. pp.43-46.
Según el hariógrafo medieval Jacobo de la Vorágine, en su popular La leyenda dorada, cuenta que Santa Lucía fue una joven virgen nacida en Siracusa, de padres nobles. Conocedora de la fama que en toda Sicilia gozaba Santa Águeda, realizó una peregrinación con su madre al sepulcro de la santa de Catania, donde ésta curó sus hemorrágias. Posteriormente, en señal de agradecimiento madre e hija comenzaron a vender todo su patrimonio para dárselo a los pobres. Esta operación llegó oídos de su prometido pagano, que la denunció al cónsul Pascasio como cristiana. Lucía fue interrogada y, poseedora de una gran elocuencia verbal, desarmó con sus argumentos públicamente al cónsul. Éste enfurecido ordenó que la muchacha fuera recluída en un lupanar. ... Si la mente no consiente, el cuerpo no quedará mancillado. Podrás conseguir que sea violada pero, esa violación se producirá contra mi voluntad, mi castidad quedará aún más reafirmada. Jamás lograrás provocar mi consentimiento. Pascasio ordenó que ataran a la joven y tiraran de ella mil hombres para conducirla al prostíbulo, pero sus pies se fijaron al suelo poderosamente. Después de ser sometida a diferentes tormentos a los que sobrevivió, ordenaron que su garganta fuera atravesada con una espada. El martirio de Santa Lucía ocurrió en el año 310, siendo emperadores Constantino y Majencio. Una leyenda posterior, difundida en época medieval, afirma que ella misma se arrancó los ojos y se los ofreció en un plato a su prometido, siendo restituidos por otros aún más bellos.

PROYECTO

Esta serie centrada en la figura de Santa Lucía forma parte del proyecto MÁRTIRES, en el que la iconografía de tradición religiosa constituye el punto de partida de algunas reflexiones sobre el mundo contemporáneo. Santa Lucía es el fruto de una investigación en torno a la mirada, cómo se ha configurado el régimen escópico actual y cómo la invasión de las nuevas tecnologías y la virtualidad han transformado por completo nuestros modos de ver. La vista es el sentido privilegiado de la modernidad; sin embargo, nuestros ojos están cansados y ciegos, profundamente anestesiados. La saturación de información que consumimos a diario ha producido un punto ciego
en la visión que nos impide ver las cosas con una mirada libre de prejuicios o convencionalismos impuestos. La artista plantea, a través de la imagen de Santa Lucía, otras formas de mirar (ver implica algo más que unos ojos sanos).
El trabajo está vertebrado por un conjunto de fotografías en las que una serie de personas ciegas encarnan a Santa Lucía con algunos atributos extraídos de la iconografía tradicional (como el plato con los ojos) y otros modernos que dan un carácter más universal a la mártir, adecuando así su imagen a la era de la información global. El propio medio utilizado cobra un sentido especial, ya que fotografía significa “escribir con luz”, coincidiendo con la etimología popular del nombre de la santa: Lucía deriva de la palabra lux y suele traducirse como “la que porta la luz”. Por otro lado, y en la misma línea que el resto de trabajos que integran el proyecto MÁRTIRES, se aborda el género desde una perspectiva integradora, de manera que a la santa no se le adjudica ninguna identidad prefijada, siendo indistintamente representada por mujeres u hombres. La ropa interior masculina que viste la artista sirve precisamente para cuestionar la mirada hegemónica que ha prevalecido durante siglos (la del hombre, blanco, occidental, de clase media), la del patriarcado como forma de poder.
Las imágenes presentan un fondo negro (símbolo de la oscuridad, el punto ciego de la visión, la censura y la autocensura) y un foco de luz hacia el cual dirigen su mirada cuatro personas ciegas: Rebeca, María Elena, José Antonio y Ángel. Todos ellos portan el principal atributo de Santa Lucía: los ojos servidos en un plato cubierto aquí con un tapete de ganchillo doméstico (referencia al ámbito femenino y,
por tanto, al lugar de tantas mártires contemporáneas). Los ojos aparecen metamorfoseados en dos cámaras web (alusión a una de las formas de ver dominantes en la actualidad bajo el impulso de las nuevas tecnologías) envueltas en esparadrapo (símbolo del cuidado y la protección), como ojos enfernos. Sólo la imagen de Santa Lucía encarnada por la artista que preside el conjunto -la única que realmente
puede ver-, en lugar de proyectar su mirada hacia el haz de luz, se concentra en los ojos (signo también de los ovarios, enlazando con la interpretación de algunas culturas prehispánicas que veían en Santa Lucía una representación de la madre portadora del útero terrestre).
La corona de luces navideñas que llevan algunas de las figuras tiene que ver con la festividad de Santa Lucía, que se celebra el 13 de diciembre y constituye el preámbulo de las fiestas navideñas. Debido al asincronismo entre el calendario Juliano y el actual Gregoriano, esta fecha coincidía con el solsticio de invierno y, por tanto, con el tránsito de las tinieblas a la luz. Festividades paganas como el Sol
Invictus pudieron ser absorbidas en el nuevo culto cristiano, que pasó a simbolizar la fuerza y victoria de la luz frente a la oscuridad, lo que explicaría el origen de la leyenda posterior sobre los ojos de Santa Lucía y su patronazgo sobre la vista. Las cuerdas rojas, que introducen un elemento de tensión en las imágenes, tienen su origen en el martirio de la santa, condenada a ser trasladada a un lupanar
arrastrada por unos bueyes que no consiguieron moverla. La lámpara es uno de los símbolos tradicionales de la iconografía de la santa en alusión al significado etimológico de su nombre. Por último, el bastón y el perro guía aparecen como atributos reales de la ceguera.

Artículos

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Guillermo Balbona - El Diario Montañes 21.07.2009

 
 

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