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PREEXISTENCIAS / José Arias
Del 17 de abril al 16 de mayo
Energía vital En los últimos diez años, las exposiciones públicas de José Arias (Gijón, 1953) en Oporto, Gijón, Madrid o Berlín impulsaron hacia el lugar que se merece la obra de uno de los pintores asturianos más independientes del siglo XX. Un autor siempre comunicativo, que considera la reflexión, la técnica y el intelecto como elementos indispensables para la creación. Sus trabajos han venido respondiendo a esas premisas desde composiciones de connotaciones paisajísticas que fluyen a través de un instinto alejado de anécdotas representativas, reposando en la sensibilidad más pura. El vertido es, en ese sentido, su técnica predilecta, porque guarda en su síntesis expresiva esa fuerza que Arias persigue desde que empezó su larga carrera. El derrame de acrílicos, tintas y otras materias sobre soportes dispares (papel, tabla, tela...) es para el pintor una apuesta no solamente metodológica, sino vital, que le permite profundizar en distintas disciplinas del arte. Así, sus cuadros recientes están lleno de armonía pero carece de amaneramientos, orientándose hacia el color y sus efectos dinámico-sensitivos; fluyendo, sobre los paneles, hacia la propia vida, en procedimientos íntimos que precisan un notable esfuerzo físico y se brindan muy reflexivos, haciéndose cómplices del espectador. Infinitos rincones y exquisitas gamas, diluídas y barnizadas, devuelven los reflejos de un azar manejado con destreza para componer emociones mágicas en el espacio. Su ánimo siempre experimental e inconformista le han traído ahora a una nueva etapa vital y creativa que, respetando las citadas premisas, y manteniendo esa misma fe en la belleza, la austeridad y el sentimiento, se inunda de nuevos gestos y senderos cromáticos. Fluyen aquí evocaciones a otros nortes, entre la fantasía y la realidad. Nortes de sabor blanco y frio, pura septentrionalidad, melancolía y energía potencialmente renovada. O quizás sea el viento del sur; un sur, sin duda, antártico, paraje solitario que, en cualquier caso, sólo pretende seguir afirmando que el dolor, el amor, la tristeza, el llanto y la entrega se manifiestan mediante vertidos desde el principio de los tiempos. Ángel Antonio Rodríguez
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