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KYOTOKYO / Juan Cuellar
Del 23 de octubre al 6 de diciembre
TOKAIDO SHINKANSEN. NOTAS. Kioto, 15:56 Creo que con un chicle de nicotina aguanto las tres horas de viaje a Tokio, hasta las 18:40. Si no es así me apearé en Shinagawa a las 18:33. Después, cena rápida con los de la Setsuki Kisco, entrega del trabajo, futón y Myolastán 50 mg. Nagoya, 16:33 Releo el correo electrónico de Jinete Sable en el que me dice que los métodos tradicionales de exposición han sufrido cambios profundos. El rol del artista –dice-, la obra, el espacio, la institución, el mecenazgo y su territorio han mutado y se han enmarañado, ya sabes, hasta hacerse, en ocasiones, irreconocibles, indescifrables. Por ello -escribe Jinete- debemos comisariar exposiciones que conquisten conceptos absolutamente nuevos, que traduzcan y cartografíen ese espacio. Nada que tú no sepas –añade-. De vez en cuando participo en proyectos de Jinete Sable y los Comisarios Estrella, sociedad limitada que toma prestado su nombre de una serie de dibujos animados de los años 80. En realidad toda la empresa se sustenta en lo prestado o directamente usurpado. Hamamatsu, 17:09 Mi reflejo en la ventanilla es traslúcido, apenas visible durante los fugaces instantes en que el fondo se oscurece. Un sinnúmero de tejados, bosques de bambú y chimeneas de incineración de residuos ondulan y dividen el horizonte bajo un cielo acerado. Comisionado por la Setsuki Kisco Plastic Products a través de Jinete Sable, recorro, mil años después y en sentido inverso, el trayecto que llevó a Dama Sarashina hasta Kioto. Ahora son unos postes del tendido eléctrico los testigos mudos de aquellas historias de antaño. Con un movimiento torpe del brazo, al buscar mi cámara en la mochila, mojo una manga de mi camisa con cerveza Kirin, la del dragón. Shizuoka, 17:36 Hay suavidad en este desplazamiento, una somnolencia sin sueño, un paisaje bidimensional y rítmico que parece pintado en un acetato gigante, que parece repetirse en un bucle infinito. Mishima, 17:55 Repaso en el portátil las fotos que me encargó la Setsuki para la exposición ideada por Jinete Sable. No he conseguido fotografiar todo el listado de templos, neones y bahías que aparecen en determinadas obras de su colección privada, colección cuyo hilo argumental es el paisaje japonés. La idea de Jinete, atractiva pero poco original, es confrontar la imagen fotográfica del espacio con su representación pictórica. Mi encargo se limita al trabajo de tres artistas occidentales cuya obra forma parte de la Colección Setsuki: Theodor Pilz, C. Kraft y Juan Cuéllar. De Pilz sólo he podido localizar la casa de té que aparece, apenas insinuada, en una diminuta acuarela desleída. Con Kraft no ha habido problema, los love-hotels que protagonizan sus lienzos siguen activos en lucrativo funcionamiento. De Cuéllar localicé todo excepto su vista del Monte Fuji, sin duda imaginada, y el interior de un garito del que sólo tengo como referencia la habilidad del barman. Cuéllar me escribe que no recuerda si estaba en Shinjuku o en Asakusa pero que podía pasar horas viendo picar hielo al encargado. Shin Yokohama, 18:21 Repaso mentalmente la solicitud de aplazamiento que esta noche voy a presentar a la Setsuki Kisco Plastic Products para completar mi trabajo. Enlazando unos encargos con otros vivo en Tokio desde 1994. ¿Era Rosita Chen la chica que aparecía en esa pantalla? A esta velocidad es difícil afirmarlo. La plataforma de la estación está repleta. La ciudad, nerviosa. 18:33 Shinagawa.
Roberto Mollá
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