EXPOSICIONES · 2009 · TREINTA Y SEIS AÑOS SIN TRISTEZA / Raúl Hevia
2009
 
 

TREINTA Y SEIS AÑOS SIN TRISTEZA / Raúl Hevia

Del 28 de febrero al 4 de abril de 2009

¿Por qué escribir cuando uno podría estar pegándole un tiro a alguien?
E. L. Doctorow

La realidad es idiota.
La realidad carece de enigmas. Es tan sólo un conjunto de materia más o menos ordenada, más o menos caótica, informe, callada, y en medio de esta necesidad de imponer un orden a lo que no lo tiene, que llamamos a veces —con cariño— realidad, otras veces historia o belleza, hallamos las palabras.
Las palabras son idiotas.
Escribía Clément Rosset: «Nada más frágil que la facultad humana de admitir la realidad, de aceptar sin reservas la imperiosa prerrogativa de lo real». Las palabras, la escritura, nos sirven para desviar la realidad, para hacerla visible, ordenada. En ocasiones simple, es decir, idiota.
Los griegos utilizaban la expresión idiótes, esto es, simple, para designar la labor de los que escribían en prosa, de los que trataban de ordenar burocráticamente la realidad, sus objetos, la vida. Así que nos preguntamos: ¿qué es escribir?, ¿qué es realmente escribir?, ¿puede ser algo más que situar ordenadamente unas palabras? La pregunta carece de respuesta, de respuestas, o mejor dicho: el acto mismo de escribir es el modo de hallar esa respuesta.
¿Escribimos para saber qué es escribir? Tal vez.
¿Tachamos para saber qué es el vacío? Tal vez.
La escritura —ya lo pensaba Sócrates— es una forma de silenciar la vida, de volver invisible la rica variación de los objetos, la vitalidad de la vida ordinaria.
La escritura no como una llave que nos permita el acceso a las cosas, sino la escritura como el espacio a la espera donde la palabra huye de todas sus conexiones posibles y se nos aparece por vez primera, como un perro que es iluminado durante un instante en medio de un tormenta. Bajo la luz efímera del rayo algo se nos aparece de otra forma: más allá de lo visible, más allá de lo invisible.
La escritura como una forma de tachado, de borradura, donde el lenguaje pone su contador a cero y comienza de nuevo.
El lenguaje que crea un mundo es el lenguaje que se hace presente a través de los vacíos que deja, de los agujeros que nos crea.
Como un truco de magia: ahora lo ves, ahora no lo ves.
Eso quizá sea la escritura.
O tal vez no.
O tal vez nada.

ALBERTO SANTAMARÍA

Artículos
 
 

Galeria Nuble
Daoiz y Velarde,26.
39003 Santander
Tel +34 942 313 745              
Horarios: Martes a Sabados de 12 a 14 y 18 a 21h.
Otros horarios previa cita.

 
info@galerianuble.com *